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La iluminación en la producción avícola: ¿un aspecto olvidado?

Escrito por Cristabel Huerta | 22-jul-2026 13:04:01

Publicado originalmente por Benjamín Ruiz. Reproducido aquí con permiso.

La iluminación es importante para que las aves reconozcan su entorno, lo que influye en su rendimiento, crecimiento y adaptación al gallinero.

La iluminación en las explotaciones avícolas es una herramienta realmente valiosa y potente: tiene un impacto directo en el comportamiento, el rendimiento y el biorritmo de las aves.«Para los productores, también es una forma de comunicarse con las aves, ya que estas responden a ella con cambios de comportamiento casi de inmediato», afirma Cristabel Huerta. Tal y como se destacó en la Cumbre Avícola Latinoamericana de este año.

La gestión de una granja implica pienso, pollitos o pollitas, equipamiento, ventilación y mucho más. Pero cuando se habla de «clima», normalmente se hace referencia a la temperatura, el aire o la humedad; la iluminación tiende a pasarse por alto, aunque la luz es una parte esencial del clima general de la granja.

¿Por qué necesita luz un gallinero? Lo ideal es imitar la luz solar: simular el amanecer y el atardecer, estimular el comportamiento natural y el biorritmo, activar a las aves, estructurar su rutina diaria y marcar los periodos de descanso.

¿Qué es realmente la luz?

La luz es la franja visible del espectro electromagnético, la parte que vemos en color. La luz solar abarca desde el ultravioleta hasta el infrarrojo, y la banda visible dentro de ese espectro es mucho más estrecha, correspondiendo cada color a una longitud de onda específica (medida en nanómetros). Juntas, estas longitudes de onda se combinan para formar la luz blanca, que es policromática y es lo que percibimos como luz solar.

Los seres humanos vemos una franja más estrecha del espectro que las aves. La cantidad de espectro que una especie puede percibir depende de su propia biología: la estructura del ojo, así como la ubicación y el número de conos y bastones. Esa estructura determina qué combinaciones de colores e intensidades de luz puede captar un animal.

El tercer ojo de las aves

Las aves son más sensibles a la luz que nosotros y registran los cambios de luz con mayor facilidad. Además, cuentan con una especie de tercer ojo —la glándula pineal— que percibe la luz directamente a través del cráneo, en un rango que abarca desde el ultravioleta hasta el infrarrojo. Las longitudes de onda más largas —los amarillos, naranjas y rojos— penetran más fácilmente a través del cráneo, y ese es precisamente el mismo espectro que se encuentra en la luz blanca cálida.

«Por eso, en HATO recomendamos el blanco cálido para las ponedoras o las aves reproductoras. La parte roja del espectro estimula más fácilmente la puesta, la incubabilidad y la producción».

Dado que la sensibilidad espectral de las aves es mucho más amplia que la nuestra, las explotaciones necesitan luz natural complementada con iluminación artificial para favorecer adecuadamente su visión. En naves totalmente cerradas, las aves necesitan un amplio espectro de luz blanca para ver bien.

Con las luminarias LED —la tecnología estándar en las granjas hoy en día—, las aves pueden incluso acceder a la luz ultravioleta, lo que mejora aún más su visión. Esto se traduce en aves más tranquilas y un mejor rendimiento general, especialmente en las manadas de ponedoras, reproductoras y pollos de engorde.

Se recomienda la luz blanca fría durante la cría debido a su contenido en azul y verde, que activa a las aves y fortalece la estructura ósea y los músculos. Sin embargo, sin una gestión cuidadosa, también puede desencadenar comportamientos indeseados —agresividad, picoteo de plumas o aglomeración—, todos ellos factores que aumentan la mortalidad.

Las aves de corral en el centro de la ecuación

El ave debe estar en el centro de todas las decisiones de gestión de la explotación, incluida la elección de la iluminación del gallinero. Pero no existe una solución única válida para todos los tipos de instalaciones o aplicaciones.

«Las bombillas estándar que se compran en una ferretería simplemente no están diseñadas para lo que las aves, o los gallineros, realmente necesitan», afirma Cristabel Huerta.

La iluminación no debe considerarse un gasto, sino una inversión.

Sistemas de control de la iluminación

  • La iluminación es un elemento fundamental para crear un clima que resulte cómodo y que funcione en armonía con las aves y su entorno. La luz establece el ciclo día/noche y, con él, los períodos de actividad y descanso, así como los ciclos de producción; todos estos factores son importantes para regular las hormonas, el biorritmo, la inmunidad y los hábitos alimenticios, y favorecen el comportamiento natural.

  • Los programas de iluminación gestionan el fotoperíodo y la intensidad luminosa en función de la etapa de vida de las aves, su genética, la ubicación y el tipo de alojamiento.Durante la fase inicial, es esencial que las horas de luz sean prolongadas: ayudan a las aves a ver bien, a adaptarse a su nuevo entorno, a encontrar agua y alimento, a reconocer a otras aves y a ganar comodidad, confianza y movilidad.

  • A medida que las aves crecen, se reducen las horas de luz, aunque las investigaciones demuestran que siguen necesitando fotoperíodos largos para comportamientos relacionados con su bienestar, como comer, dormir, jugar, acicalarse y darse baños de polvo.

  • El período de oscuridad recomendado es de al menos 3 a 4 horas. En algunos ciclos de producción se utiliza iluminación intermitente, dependiendo de las prácticas de gestión. En cualquier caso, la iluminación debe ser uniforme: debe llegar a las zonas adecuadas con la intensidad adecuada y seguir el programa que requiera la línea genética.

  • La luz debe llegar a las zonas adecuadas para que las aves puedan interpretar su entorno, acceder al pienso y disfrutar de una distribución uniforme por todo el gallinero, evitando puntos excesivamente luminosos u oscuros que provoquen comportamientos indeseados.

Elaboración de un plan de iluminación

Conseguir el clima lumínico adecuado implica elaborar un plan de iluminación adaptado específicamente a las necesidades de las aves y al tipo de instalación.

Al igual que ocurre con los programas de iluminación, no existe una única bombilla que sirva para todos los tipos de instalaciones. La luminaria adecuada es aquella que ofrece la mejor difusión de la luz para cada situación: a veces un haz amplio a menor intensidad, otras veces uno más estrecho e intenso.

Todo depende de dónde deba producirse la estimulación y del tipo de alojamiento —cerrado, semicerrado o abierto—, además de factores como si se trata solo de iluminación complementaria o la ubicación de los nidos. Las zonas en las que se desea una mayor actividad de las aves necesitan más luz.

Si el objetivo es conseguir que las aves utilicen los nidos, se necesitan zonas más oscuras a su alrededor con una distribución uniforme de la luz, para que los huevos se pongan en el nido en lugar de en el suelo. En el alojamiento en jaulas, la luz debe llegar a los comederos, sin que el brillo sea tal que resulte molesto para las aves.

En los gallineros tradicionales con jaulas, es habitual observar una iluminación desigual entre los distintos niveles: el nivel superior acaba siendo demasiado luminoso, lo que provoca picoteos, mientras que el nivel inferior apenas recibe luz, lo que reduce el rendimiento uniforme.

Las luminarias destinadas al uso en granjas deben resistir condiciones adversas, como la humedad, el amoníaco y el polvo, y deben ser impermeables, estar selladas para su lavado y diseñadas para reducir los riesgos de incendio y de bioseguridad.

La luz como herramienta de gestión

La iluminación es, sin duda, una herramienta que puede utilizarse para gestionar el comportamiento deseado de las aves en la granja. Cualquier cambio en el alojamiento debe mantener un clima lumínico similar tanto en la fase de cría como en la de producción.

En la producción de huevos, es importante mantener siempre presente el espectro rojo, y la luz blanca cálida ayuda a que las aves se mantengan más tranquilas en general.

Para determinadas intervenciones, como la captura de pollos de engorde, un cambio en el color de la iluminación facilita el trabajo.

«Añadir azul monocromático a la iluminación principal, con la opción de cambiar de blanco a azul durante la captura, reduce los costes operativos y aumenta la productividad», afirma Cristabel. «Menos estrés significa menos alas rotas, menos contusiones en la pechuga, mejor calidad de la carne y menos tiempo de inactividad».

En conclusión, un clima lumínico óptimo es aquel que satisface las necesidades tanto del animal como del ganadero, contribuyendo a mejorar el bienestar y a obtener mejores resultados de producción.